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En este blog comparto en primera persona cómo fue mi salida de España, qué me llevó a ello y como conseguí llegar a mi primer destino: Las Islas Maldivas. Tras un par de años de idas y venidas, mil aventuras y muchos sentimientos encontrados, mudarme a Australia se convierte en mi siguiente meta. Mi historia de amor y la superación a mí misma me llevan a concluir una maravillosa etapa en Sydney, y tras pasar por Singapur y España comienzo una nueva vida en Shanghai, China.

Esta es mi historia, es mi propia experiencia, y viajar por todo el mundo se ha convertido en mi día a día. En este blog narro viajes, aventuras y los itinerarios que he seguido, siempre elaborados por mi misma. Espero que os guste mi aventura por el mundo... y recuerda: ¡que no te lo cuenten!

Recopilando información, ubicándome


Cuando la Directora General del hotel vino a saludarme, me sentí bastante privilegiada, le acompañaba el Subdirector General y el Director de Restauración del resort. Claudia, la Directora General es una mujer holandesa de unos 40 años, muy alta, rubia y ojos azules, bastante activa y cercana. Patrick, su segundo, sin embargo es bastante más introvertido y tímido. También muy alto, rubio y ojos azules. Patrick es muy atractivo, y su aire misterioso aún le hacía más interesante. El Director de Restauración se llama Alexander, también alemán, alto y con gafas. Un chico serio pero cercano, bastante estricto y profesional. Fueron primeras impresiones... ¿Seguiría pensando así pasadas unas semanas?

En seguida yo era objeto de bromas entre mi jefa y la Secretaria General, Pam,  que es una chica tailandesa, de unos 40 años con pinta de no estar muy centrada mentalmente. Bromeaban acerca de que yo entendía más o menos a todos los que me daban la bienvenida, siempre y cuando utilizasen un lenguaje sencillo y hablasen despacio, pero que a Patrick, el Subdirector General no había sido capaz tan siquiera de entenderle el saludo. Y es que ese chico habla muy bajo y apenas vocaliza... no era la única que tuvo problemas para entenderle y eso a ellas les hacía gracia. Esto ha sido motivo de bromas casi hasta el final de mi estancia en Maldivas. 

Todos estaban muy agradecidos con mi apresurada incorporación, pues buscaban a un hispanohablante que se pudiese incorporar inmediatamente y que además tuviese bastante experiencia en clientes de un nivel adquisitivo alto. Preferían que hablase inglés, pero dada la situación aceptaron un "voy a poner todo de mi parte por aprender el idioma cuanto antes". Sabían que en España tenía casi 10 años de experiencia trabajando en la organización de importantes eventos de golf, hípica, tenis, vela, ferias gastronómicas, etc. y siempre con marcas y/o clientes de muy alto nivel, así que eso jugaba a mi favor. El voto de confianza fue más que agradecido por mi parte, y tenía que responderles, tenía que hablar inglés cuanto antes, porque empezaba a pasarlo mal por la falta de entendimiento. 

Después de toda una mañana en la oficina con mi portátil, traduciendo cuanta pregunta me formulaba el Director de Recursos Humanos y por lo tanto las respuestas a cada una de ellas, una de las becarias chinas me acompañó a comer a la cantina de Bushi, la isla donde vivimos. 

Ahí empezaron de verdad los escalofríos... ¿De verdad que tendría que comer eso cada día? Houston, tenemos un problema. Todo era comida de India, Bangladesh, o de cualquier país de alrededor, basada en curry, arroz, todo tipo de especias y picantes y atún, mucho atún. No recuerdo que tomé, puede que nada, pero cada vez que visualizo nuestra cantina, tengo la misma sensación de querer salir corriendo.

Ya tenía el uniforme de becaria, porque el contrato que me habían hecho era de tres meses de prueba, tenía que aprender todo, y por supuesto cumplir la función para la que me habían contratado: Asistir a dos grupos de españoles de unas 150 personas cada uno durante su estancia en nuestro resort. En lo que acababa mi contrato, los españoles ya se habrían ido, así que sería entonces cuando entraría en juego la capacidad o validez por mi parte para el puesto. 

Staff Island, mi nuevo hogar

Los primeros días de trabajo se me pasaron volando, porque tenía que familiarizarme con todo el sistema informático, en inglés por supuesto, saber las diferentes tareas que se llevan a cabo, la función de cada persona de cada departamento, ya que desde el mío se recibe la petición o queja del cliente y es nuestra responsabilidad resolver el problema o proporcionar lo que sea que se demanda, gestionándolo con el resto de departamentos. Y todo eso, teniendo en cuenta que era la nueva, y todo el mundo venía a saludar y a presentarse con un acento inglés diferente y yo les miraba con cara de poker, por lo que debían pensar que era tonta. 

Los primeros días, fueron para prepararme para el primer gran grupo, un viaje de empresa por incentivos. Kin, mi jefa con una paciencia infinita me explicó donde estaba cada restaurante, el tipo de comida que servían y sus horarios, el modo de hacer las reservas, el modo de transporte entre una isla y otra, lo que se puede hacer y no por seguridad y por normas del hotel, lo que van a encontrar en las habitaciones, el funcionamiento de todo, lo que tenían incluido y lo que no, y un larguísimo etcétera que aunque yo asentía todo el tiempo, estaba completamente segura que metería la pata porque no entendía ni la mitad de lo que me contaba. 

El día antes de que llegaran el grupo de españoles para el que me habían solicitado en Maldivas, me lo pasé traduciendo los menús de los restaurantes de inglés a español, haciendo cartelitos para que ellos también lo entendieran y metiendo en el sistema informático de la empresa los datos personales de unos 130 clientes que venían de todas partes de España. 

Trabajé como 12 o 14 horas diarias y apenas comía... lo de la comida me preocupaba seriamente. Tanto que cuando hablé con mi hermana fue lo único negativo que le conté de este lugar. En seguida mi hermana se lo dijo a mi madre y así sucesivamente hasta que toda mi familia pensaba que yo no comía y que me iba a quedar en los huesos y no tenía necesidad ninguna de haberme ido tan lejos cuando tengo mi casa y mi gente y podía estar muy a gusto en Cádiz... "Cosas de casa"

Y por fin llegó el día esperado, me dieron una tarjeta para el teléfono, ya que tenía que estar 24 horas localizada y yo aún estaba sin móvil. Me llamaban de los restaurantes, luego me llamaban de recepción, acto seguido la Directora General, y después la Directora de Ventas, que ya hablaré de ella en algún momento, y al final tenía que estar en todas partes al mismo tiempo porque era la única persona en todo el resort que hablaba español, y eso que somos unos 600 trabajadores. 

Me sentí importante, era importante.

Eran 130 personas, que vinieron en 6 barcos uno detrás de otro. Gente que venía cansada de un largo viaje, que tenían mil preguntas básicas que hacer y que ya les habían dicho que SANDRA era la persona que les iba a atender en todo momento y que para cualquier cosa, podían contactar conmigo a cualquier hora. A mi eso no me importaba, siendo sincera me gustaba, me encanta este trabajo, pero lo que sinceramente me preocupaba era como iba a resolver cualquier necesidad por muy básica que fuese  teniendo que reportar a cualquier departamento en inglés. En fin... ¡Vamos allá!



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2 comentarios:

  1. Me encanta tu historia y creo que po rmotivos personales necesitaria hacer algo parecido a lo que hiciste. En que resort trabajaste que te ayudaron tanto si se puede preguntar? Gracias y sigo leyendo jeje

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  2. Los que me ayudaron ya no están, pero el resort es Anantara, lo he puesto en los posts. Gracias por leerme Jesús y ¡mucho ánimo!

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