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En este blog comparto en primera persona cómo fue mi salida de España, qué me llevó a ello y como conseguí llegar a mi primer destino: Las Islas Maldivas. Tras un par de años de idas y venidas, mil aventuras y muchos sentimientos encontrados, mudarme a Australia se convierte en mi siguiente meta. Mi historia de amor y la superación a mí misma me llevan a concluir una maravillosa etapa en Sydney, y tras pasar por Singapur y España comienzo una nueva vida en Shanghai, China.

Esta es mi historia, es mi propia experiencia, y viajar por todo el mundo se ha convertido en mi día a día. En este blog narro viajes, aventuras y los itinerarios que he seguido, siempre elaborados por mi misma. Espero que os guste mi aventura por el mundo... y recuerda: ¡que no te lo cuenten!

Bangkok, Thailandia - Altísimos contrastes

Mi última noche en Phuket coincidía con el día de la madre en España... después de felicitar a la mía, me llamó a Skype y estuvimos hablando durante un buen rato. De mi madre he heredado entre otras cosas la pasión por la comida, por lo nuevo, por el querer aprender de todo un poco y ser tan curiosa como soy. Por eso durante la llamada disfrutamos mucho mientras le contaba todos esos nuevos sabores y sensaciones que estaba experimentando desde que dejé España. Y cuando ya mis ojos se cerraban casi sin advertencia, mi madre empezó a cantarme una nana que me dejó dormida plácidamente hasta el siguiente día, que por cierto volaba a Bangkok, la ciudad más importante de Tailandia.

La frase que me llevo de Phuket es: 

El sitio para que la mente descanse, es el silencio del corazón ...

Mi vuelo a Bangkok salía de noche, y como estaba tan a gusto en el resort, me pasé el día entre la piscina y la playa, disfrutando de los masajes y de la maravillosa comida tailandesa. Cuando cayó el sol, el chófer me llevó al aeropuerto y en apenas hora y media, estaba en Bangkok, la capital. 




 Había leído que el taxi no es nada caro en esta ciudad, así que como era de noche e iba cargada, me fui en taxi a Centre Point Petchburi, donde tenía alquilado un apartamento en una de las torres más altas del centro de la ciudad. Había pensado en todo, y como era el meridiano de mi viaje, necesitaría lugar para lavar mi ropa, por eso cogí ese apartamento, el cual disfruté muchísimo cuando descubrí que la ciudad de Bangkok no me gustaba y no me sentía cómoda casi en ningún sitio. 



La noche que llegué estaba hambrienta, por lo que salí a buscar algún sitio donde cenar que no estuviese lejos del hotel para poder irme a descansar pronto. Cuando salí a la calle me encontré con pequeños puestos de comida uno pegado al otro donde vendían todo tipo de carnes y pescados en forma de pincho moruno o bien frutas tropicales, que ofrecían cortadas y metidas en bolsitas transparentes con una pinta deliciosa. Opté por la fruta y como el olor a comida, polución, humanidad... en general en cualquier calle era tan fuerte, me fui rápido al hotel. 





A la mañana siguiente disfruté de un suculento desayuno al lado de la piscina, que aunque estaba al aire libre, debido a la altura del edificio, apenas se sentían los fuertes olores de la ciudad. Fue entonces cuando entendí que en muchos lugares de Asia llevan las mascarillas en la nariz y boca, para mi fue algo insoportable. 



Después de darme un baño en la piscina, me puse ropa cómoda y me fui a visitar templos... cosa que me apetecía mucho hacer. La religión budista me llama mucho la atención, y los monjes vestidos con sus túnicas naranjas y sus cabezas rapadas transmiten un aire de superioridad positiva, que es muy agradable pasar un ratito observando como adoran a sus dioses. Lo que más me llama la atención del budismo además de que tienen varios dioses y que su ética se basa principalmente en no hacer daño y no aferrarse a nada, es que es una religión que nunca ha sido forzada, no conoce la guerra santa, no ha entrado nunca en conflicto con otras religiones... la paz y el bienestar son las principales características que yo, una ignorante del budismo, destaco de ellos.


Desde el Río Chao Phraya, vistas de Wat (templo) Arun, templo budista conocido antiguamente como el Templo de la Oliva, donde se encontraba el Buda de la Esmeralda















Después de varios días viendo templos, comiendo fruta y andando sin parar decidí que Bangkok ya me había enseñado suficiente. ¡Sus olores eran demasiado insoportables! En mi visita a esta capital conocí a una chica de Viena, que viajaba sola, estaba dando la vuelta al mundo y pasamos un día entero juntas... fue interesante. Ella me enseñó un sitio donde vendían pequeños budas de barro hechos por los monjes y que los bendecían para venderlos a aquellos que se sintieran simpatizantes con su religión. Me llevé algunos para repartirlos entre mis amigos y familia, me pareció algo muy especial. 

En los últimos días lo único que hice fue disfrutar de la piscina, hacer algunas compras, leer sobre la cultura tailandesa, y descansar. Bangkok no estaba hecha para mi. No me sentía cómoda andando por las calles, los locales te paraban y te preguntaban donde ibas, y si te notaban perdida o indecisa te ofrecían cientos de opciones que hacer, sitios que visitar, todo claro, utilizando su taxi, el de su primo o el de su vecino por un módico precio. Para mi, sencillamente fue demasiado. Me agobié bastante y decidí pasar el final de mi estancia en Thailandia, disfrutando de la paz de mi apartamento, saliendo al exterior las menos veces posible. 



Bangkok está lleno de mercadillos, hay muchísima vida en la calle y los ciudadanos disfrutan mucho de esto. Es una de las ciudades mas grandes del mundo y esta muy caracterizada por el continente asiático. 






El clima es caluroso y húmedo. Siempre hace calor, por lo que lo que comentaba antes de los olores incluso empeora cuando hay altas temperaturas. 


El transporte en Bangkok esta genial, además de la gran oferta de taxi, el metro, tren, autobús e incluso los barcos que te cruzan al otro lado del río funcionan perfectamente y están por lo general bastante bien organizados. 


No es una ciudad a la que volvería ... aunque me ha gustado mucho la gran presencia que tiene la religión budista. No tanto por la religión en sí sino por la hermosura de sus templos, la majestuosidad de sus monjes, y el gran sentido del equilibrio que tienen sus habitantes en general. 


Un sitio curioso de visitar, pero con un par de días hubiese sido más que suficiente. 




























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